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SUEÑOS

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Una ma ñ ana reciente me despert é con somnolencia debido a un sue ñ o sufrido. He dejado pasar unos d í as para que sedimentaran artilugios informes, visiones forzadas por la poca claridad de las im á genes. So ñé con una ciudad sitiada, rodeada de murallones de piedra que imped í an el paso, una especie de ciudad medieval con puertas de acceso vigiladas por fuerzas armadas. El tr á fico se desarrollaba con caravanas de veh í culos que sal í an y entraban para realizar transacciones fuera y dentro de los muros.  Una red de t ú neles y pasadizos subterr á neos esponjaban el subsuelo de la ciudad. El acceso se hac í a por trampillas ocultas en determinadas casas, propiedad de los funcionarios que gobernaban. Los t ú neles eran v í as de escape de los moradores. Las salidas al exterior estaban protegidas por polic í as armados. Nadie conoc í a su existencia. Un transporte de carros de un tiro llevaba personas moribundas unas y cad á veres otras a su morada postrera, d í a y noche, ...

Imperceptible realidad del reposo

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     Es bonito vivir en el bosque encantado. Sí, sí, lo digo con conocimiento de la causa que hizo sumergirme en las entre-ramas del encanto embaucador.       Elegí el hayedo, tupido por las albi-verdes hojas de ensueño, alfombrado por el pardo acogedor, que mantiene siempre en alerta por la inesperada magia del hada.      La causa del retiro fue la agobiante realidad del cotidiano transcurrir. Bucear el hayedo para ser sorprendido por el hechizo ha sido la búsqueda de la piedra filosofal que limpiara de esquirlas el uso diario del hábito.      El proceso fue corto. El susurro creciente de la torrentera en el descenso, un ulular constante del follaje mecido por el viento, el siseo de las aves en vuelo raso, sus cantos y llamadas, pisadas que delatan silencios y el seco crujir de los pasos que te dan la hora y la vida cada día.      Sin la noche, sin el día, no hay necesidad, ni obligación, ni compr...