In memoriam
Había estado esperando la inspección de plagas de la Consellería de Agricultura y el poniente seco presagiaba un día duro de verano. Acompañé a los inspectores por los campos donde se adivinaba la virosis irreversible, muestras por aquí, análisis visual más allá, parada, descanso y tragos de agua fresca. Al finalizar la mañana me despedí de los inspectores, no sin antes ofrecerles comida y descanso hasta que calmara el sofoco. El fuerte viento no amainaba y el sol era abrasador. Tras la comida, alguien alertó de una columna de humo junto al cabezo de Tirirant y al poco se vieron aparecer las violentas y serpenteantes llamas avivadas por el poniente tomar el camino del matorral y el bosque mediterráneo. Eran las 4 de la tarde del 4 de Julio de 1994. Desde nuestra posición, ese fue el inicio del mayor desastre natural vivido en mi pueblo de Ontinyent. Yo había vivido otros incendios como mero espectador y había participado en la extinción desde dentro de la organización, si e...