De placeres, subvenciones y derechos
Me gustan las playas de arena. Caminar descalzo sobre la espuma al romper la ola, recrearme sobre la tumbona junto a un libro antes del sueño, percibir el gusto salado del baño y, al fín, sorber el trago que sublima todo el placer recibido. Mi elección es el apartamento en primera fila, si es posible con vistas, pero siempre con el oido hacia el horizonte marino para percibir el inconfundible sonido del lugar, el mismo que escucho al acercar la caracola a la oreja. Por motivos de trabajo, casi todos los años alquilo el apartamento en Agosto, pero aprovecho algún puente para esparcir mi tiempo en hoteles, también junto al mar. Pero ahora ya no. Quiero decir que desde hace 4 años los apartamentos que he alquilado se alejan de la orilla del mar. Los precios del alquiler son prohibitivos, no porque suban y suban, sino porque ha bajado mi reserva económica. Si antes vivía cada segundo los placeres que el mar me proporcionaba, ahora tengo que visitarlo a diario. Esta mal decirlo, ...