LA CIUDAD
El verano es época propicia para el viaje. El calor somete la mente a su liberación y nos cuesta concentrar esfuerzos para mantenerse firmes en el trabajo. Las vacaciones se convierten en necesidad y nos libera del agobio. Este pensamiento asido por los pelos después de un estresante día laboral tuvo suficiente determinación para que me decidiera, por fin, a buscar el escape, el lugar donde no estar agobiado, alejado del mundo que me subyuga y secuestra. Era como adquirir un nuevo compromiso conmigo mismo, con mis amigos y compañeros de trabajo. Y en lugar de dejarme llevar por las maravillosas ofertas de la agencia de viajes, de lugares bulliciosos y de parajes afamados, me abandoné a que el instinto se convirtiera en motor que arranca impulsos y sensaciones. Y así supe que el motivo de la escapada era liberarme, no recrearme. En busca del tarro de las esencias olvidado, concebí una gra...